Ocho variantes del coronavirus ya están circulando en Chile

Gracias a la secuenciación genómica, se sabe qué tipo de variante es la que circula en un lugar geográfico y es la única manera de saber si el coronavirus ha mutado. De ahí la importancia de este trabajo.

Casi por definición, un virus debe mutar. Y eso es precisamente lo que ha estado haciendo el virus Sars-CoV-2, causante de la pandemia de Covid-19.

Desde que la ciencia supo de la existencia de este nuevo coronavirus, éste en cada replicación que tiene al interior de una célula del cuerpo humano, sale de ella con algún error que en algunos casos lo lleva a una mutación, un cambio en su información genética que en algunos casos le beneficia (lo hace por ejemplo, más contagioso) o lo perjudica hasta el punto de desaparecer y no volver a circular.

Así se explica lo que hoy conocemos como las variantes identificadas en el Reino Unido (B.1.1.7), en Sudáfrica (501Y.V2) y Brasil (B.1.1.248). Variantes que también son conocidas por el lugar en el que tienen la mutación dentro del largo listado de más de 30 mil nucleótidos (como un collar de perlas) que conforman la información genética del virus Sars-CoV-2: mutaciones N501Y, E484K y un largo etcétera.

Incluso, es muy probable que en otros lugares del mundo estén surgiendo nuevas variantes, mutaciones de las que no nos hemos enterado porque falta un elemento fundamental: la secuenciación genómica.

Se trata de un estudio en el que se revisan, perla por perla, las más de 30 mil bolitas que conforman el material genético del coronavirus. Esta información es comparada con el primer genoma de Sars-CoV-2 que se conoció hace un año y que corresponde al genoma que dieron a conocer los investigadores chinos del virus descubierto en Wuhan.

A fines de diciembre, la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) pidió que más países se sumen al trabajo de secuenciación del virus. “Solo si los países están analizando y probando de manera efectiva, será posible detectar variantes y ajustar estrategias para hacer frente”, dijo en esa oportunidad el director general de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus.

Secuenciación made in Chile
Miguel Allende, director del Centro de Regulación del Genoma del Programa Fondap y parte del equipo del Consorcio Genomas CoV2 (CGC) coordinado por el Ministerio de Ciencia, explica que la vigilancia genómica es clave porque de lo contrario, “estamos trabajando a ciegas y se nos podría escapar un virus que sea más grave y letal o que aparezcan variantes a las que no podamos diagnosticar”.

Por suerte, dice el especialista, esto no ha ocurrido hasta ahora y los métodos de diagnóstico son bien robustos. “Se trabaja con tres lugares, entonces si el virus muta lo suficiente, podría escapar a uno pero no a los otros dos”.

Rafael Medina, virólogo y profesor asociado del Departamento de Enfermedades Infecciosas e Inmunología Pediátrico de la U. Católica, señala que la vigilancia genómica permite entender qué virus están circulando normalmente. “Hay que monitorear, es un trabajo importante el que estamos haciendo, pero tiene que ser más activo y en tiempo real”, dice.

Para el Instituto de Salud Pública (ISP) la vigilancia genómica es un campo esencial a la hora de controlar enfermedades causadas por virus. En el caso de la vigilancia del virus de la influenza, el ISP es miembro de la Red Global de Vigilancia de Influenza participa del monitoreo que se realiza durante todo el año. Fuente: latercera.cl

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