La otra cara de la pandemia en los niños y adolescentes

Padres puestos al límite por muchas tareas y preocupaciones, y niños y adolescentes intentando adaptarse a una realidad lejos de su entorno social puede generar problemas en la dinámica familiar. También, dar pie a síntomas conductuales a los que hay que estar atentos para consultar a tiempo.

“Son múltiples las formas en las cuales la pandemia por coronavirus puede impactar el desarrollo de nuestros niños y adolescentes”, señala la doctora Marcela Abufhele, psiquiatra infantil de Clínica Alemana.

La especialista detalla los riesgos a los que se pueden ver expuestos y que perjudican su estabilidad emocional:

  • Temor al riesgo de contraer coronavirus.
  • No poder asistir al colegio (lo que afecta la socialización, disminuye la actividad física, aumenta el tiempo de exposición a pantallas y altera patrones de sueño, entre otros).
  • Un ambiente más estresante y menos contenedor de sus necesidades.
  • Separación y duelo de seres queridos y familia ampliada.
  • Aumento de accidentes domésticos y otros daños.
  • Aumento del riesgo de ser víctimas de maltrato.

Cuando el ambiente está al límite

La cuarentena produce un aumento en el riesgo de que se produzca violencia, cuando se conjugan una serie de factores: Primero, muchos papás están angustiados y sobrepasados porque están a cargo del cuidado de los hijos a tiempo completo, tienen preocupaciones por la salud de familiares, por la estabilidad laboral y por el abastecimiento, entre otros.

Como consecuencia, se ven llevados al límite de sus capacidades de manejar y contener, como también de funcionar.

Segundo, los niños están sin ir al colegio y en dinámica de home school, en la que hay que establecer una nueva disciplina. Siguen enfrentados a una presión académica y además no pueden ver a sus amigos o hacer sus deportes habituales, lo que les genera ansiedad.

“Muchas de estas cosas hacen que los niños estén con mucha menos capacidad de liberar la energía habitual que tienen, la tensión que están acumulando y, en general, puede aparecer un aumento de irritabilidad, de hiperactividad, de impulsividad, y de ansiedad”, detalla la doctora.

Tercero, disminuye el acceso a redes de apoyo y protección que están fuera de la casa, como la familia extendida –que muchas veces libera a los papás en el cuidado de los hijos– y otros actores que ya no ejercen una mirada externa a lo que sucede con la familia.

La conjunción de estos elementos produce un efecto de“olla a presión”, que puede dar paso a malos tratos y violencia dentro del hogar en familias que nunca habían tenido esa dinámica.

¿Qué hacer para prevenir estos riesgos?

La doctora Valerie Jeanneret, psiquiatra infantil de Clínica Alemana, explica que hay muchas formas de prevenir riesgos:

La información sobre la pandemia tiene que ser apropiada a la edad de los hijos. Los papás deben filtrar el contenido y los medios de acceso a ésta.

Futuro. Los niños ven a sus padres como líderes por lo que es importante traspasar una sensación de control y de un mundo predecible.

Escucharlos. Si los niños y adolescentes hablan poco se puede motivar el diálogo a través de preguntas abiertas, cómo “¿Qué es lo peor para ti de estar en cuarentena?” o ¿Cuál es tu principal temor?

Necesidades emocionales. “Cada niño se manifiesta distinto, mientras más pequeño, sus síntomas suele ser más conductual. Puede haber niños que comienzan a hacer más pataletas, que se comportan como si fueran de menor edad, que presentan miedos o dificultades para dormir. Lo que sucede ahí es que están manifestando que no están bien”, dice la doctora Jeanneret.Saber que habrá dificultades esperables, como problemas para mantener horarios y rutinas, mantener atención en clases, etc.

Rutinas. Los horarios ayudan mucho. Por ejemplo, tener una pizarra u hoja visible con estos ordena a los niños.

Juego. Tener horas y momentos exclusivos para esto, idealmente con los padres también.

¿Cuándo consultar?

  • Si hay cambios importantes en la forma de ser del niño o adolescente que se mantienen en el tiempo.
  • Si hay síntomas depresivos que se han mantenido (bajo ánimo, tristeza y/o energía, poca motivación y disfrute, irritabilidad, dificultades para dormir o somnolencia diurna, disminución o aumento del apetito).
  • Síntomas ansiosos: niños hiper alertas o con muchos miedos.
  • Síntomas conductuales: si se hacen daño a ellos mismos o a otros.
  • Empeoramiento de trastornos psiquiátricos previos.
  • Si la salud mental de los padres está en riesgo.

“Una crisis siempre puede ser vista como una oportunidad, una oportunidad de poder reencontrarse como familia, de compartir, de jugar y de poder escucharnos. También replantearse los valores compartidos y fomentar aptitudes como la responsabilidad, solidaridad, creatividad y la empatía”, concluye la doctora Jeanneret.