Lectura como complemento terapéutico

Además de mejorar la empatía y mantener en forma las capacidades cerebrales, puede ser de gran utilidad para aliviar problemas físicos y emocionales.

A lo largo de la historia, los seres humanos se han aproximado al arte y la literatura para provocar reacciones emocionales, mitigar el malestar de enfermedades físicas y mentales o, simplemente, amortiguar el hastío producto de la vida cotidiana. 

En la era dorada de la civilización egipcia, el faraón Ramsés II diseñó la biblioteca de Tebas, la más antigua de la que se tiene noticia, enmarcando el portal de entrada con la inscripción “La casa para sanar el alma”, ya en ese entonces se creía que los libros podían actuar como un “simulador de vuelo de la mente”, como lo describe Keith Oatley, novelista y profesor emérito de psicología cognitiva del Departamento de Psicología Aplicada y Desarrollo Humano en la Universidad de Toronto.

“Vivir otras vidas es uno de los mayores placeres de la literatura de ficción, pero también uno de sus principales beneficios en cuestión de salud mental. Este hábito también sirve para fomentar la empatía ya que, al ponerse en la piel de otra persona, los lectores pueden formar sus propias ideas sobre emociones, pensamientos y motivos que impulsan a los demás en la vida real [1]”.

La lectura es un proceso mental y visual del cual se deduce el significado de un texto, interpreta su contenido, se comprende el mensaje y se realizan cuestionamientos e inferencias, el cual se inicia cuando la retina reconoce letras y las une en una palabra, ese primer “encuentro” es el que inunda de actividad a las distintas áreas del cerebro. 

Las cortezas occipital y temporal se activan para reconocer el valor semántico de las palabras. La corteza frontal motora lo hace cuando se evocan mentalmente los sonidos de los vocablos leídos. Mientras los recuerdos de la interpretación activan el hipocampo y el lóbulo temporal medial, el razonamiento sobre el contenido y la semántica hacen lo propio en la corteza prefrontal y la memoria de trabajo, que se utiliza para resolver problemas, planificar el futuro y tomar decisiones. Está descrito que la activación regular de ella fomenta la inteligencia de las personas [1].

El neurocientífico Gregory Berns de la Universidad Emory de Estados Unidos ha dedicado gran parte de su carrera a investigar los aspectos celulares, funcionales, evolutivos, moleculares y clínicos del sistema nervioso y su impacto en el comportamiento y las funciones cognitivas del pensamiento. 

Hace unos años, lideró un estudio de los efectos a corto y largo plazo de leer una novela, en el que se concluyó que estar absorto en un texto de ficción mejora la función cognitiva y la conectividad cerebral [1]. 

El equipo de investigación monitoreó, durante 19 días, a 21 estudiantes mientras leían la novela Pompeya de Robert Harris, ambientada en las 48 horas previas a la erupción del volcán Vesubio.

“Con una línea narrativa dramática y fuerte, que cambia de hoja en hoja, la historia sigue a un protagonista que está fuera de la ciudad de Pompeya cuando nota cosas extrañas que suceden alrededor del volcán. Intenta regresar a tiempo para salvar a la mujer que ama, mientras del cráter emanan gases y nadie en la ciudad reconoce los signos”, relataron los autores.

Durante los primeros cinco días, los participantes se sometieron a estudio mediante imagen funcional de resonancia magnética (fMRI, por sus siglas en inglés) en reposo. Luego se les entregó nueve secciones de la novela, de aproximadamente 30 páginas cada una, por nueve días. Se les solicitó que leyeran lo asignado por la tarde y que a la mañana siguiente, después de asegurarse que habían cumplido con la tarea, se presentaran a una nueva exploración. 

Después de completar los capítulos del libro, los colaboradores regresaron durante cinco jornadas más para fMRI adicionales. Los investigadores comprobaron que la actividad en el área de Broca de los participantes, situada en el hemisferio izquierdo y que se encarga del análisis de las oraciones complejas, había aumentado durante los días de lectura, cambio que al terminarla “permanece por varios días más”.

“Pese a que los alumnos no estaban leyendo mientras eran evaluados, conservaron esta mayor conectividad. Llamamos a eso una ‘actividad en la sombra’. Leer ficción mejora la capacidad de ponerse en el lugar de otra persona y flexiona la imaginación de una manera similar a la visualización de una memoria muscular en los deportes, un fenómeno conocido como cognición fundamentada”.

Este efecto duradero de la lectura sobre biología cerebral se está aprovechando como coadyuvante en el tratamiento de personas que están atravesando momentos de crisis o dificultad por algún problema físico. 

El objetivo terapéutico que se busca con la “biblioterapia” es que por identificación, aproximación o proyección, los pacientes encuentren en los libros respuestas y guías para resolver sus propios conflictos.

Reino Unido es un referente a nivel internacional en la incorporación de proyectos de este tipo al sistema sanitario. Las iniciativas Reading Well Books on Prescription y Well into Reading, implementadas a nivel estatal por el Servicio Nacional de Salud tienen una amplia aceptación por parte de clínicos y pacientes.

Tanto así, que la Universidad Brunel en Londres, diseñó un esquema de trabajo con una lista de textos recomendados – la Book Prescription Wales– para “recetar” distintos libros a estudiantes y profesionales que trabajan en la institución y sufren síntomas leves o moderados de ansiedad, depresión y otras dificultades emocionales comunes. 

Los beneficios de la lectura guiada con un objetivo terapéutico residen en la complementariedad de la activación de procesos cognitivos complejos y el involucramiento emocional con las situaciones leídas, influyendo en su desarrollo y manejo. 

Además, la compañía lectora reduce los niveles de estrés, potencia la creatividad, profundiza la capacidad de criterio y es un ejercicio fundamental para mantenerse activo mentalmente, proporcionando una mejor relación costo/beneficio en todas las etapas de la vida, sin olvidar el efecto placebo que también tiene esta disciplina.

Si quiere incrementar la actividad cerebral o manejar alguna situación de estrés, un buen libro de ficción o autoayuda podría ser beneficioso. Entrar y ser parte de una nueva historia es tremendamente estimulante y, a largo plazo, tiene un efecto terapéutico independiente si es o no prescrito por un médico, porque no solo entrega conocimientos, sino que también nuevas formas de ver y entender la vida sin efectos secundarios.

Referencias
[1] Oatley K. Fiction: Simulation of Social Worlds. Trends Cogn Sci. 2016;20(8):618‐628
[2] Berns GS, Blaine K, Prietula MJ, Pye BE. Short -and long-term effects of a novel on connectivity in the brain. Brain Connect. 2013;3(6):590‐600

Por Carolina Faraldo Portus/ Savalnet.cl