Sobrevivientes del Covid: Los 1.603 pacientes en riesgo de muerte que el esfuerzo médico trajo de vuelta

«¿Sabes dónde estás?», preguntó una enfermera del Hospital de Concepción a Dora Minaya (32), el pasado día 30 de mayo. Dora no sabía. Su último recuerdo era en una cama de la ex-Posta Central, sintiendo «el pecho apretado» y a punto de ser sedada para entrar a ventilación mecánica. Así como aumentan los decesos por la pandemia en el país, también abundan historias de éxito, donde el personal asistencial ha logrado revertir diagnósticos con pronósticos fatales. Esta es una de estas historias.

La Tercera.- “Ahora te vamos a dormir porque te vamos a poner ventilación mecánica, tienes que estar tranquila». Esas fueron las últimas palabras que escuchó Dora Minaya (32) de una enfermera, antes de ser sedada en una cama de la ex-Posta Central de Santiago. Horas antes, una radiografía de tórax mostraba que lo que ella sentía como “pecho apretado” era una neumonía grave por Covid-19.

Antes de enfermar, 13 años atrás, Minaya -de nacionalidad peruana-, llegaba a Chile en busca de trabajo, confiando en lo que escuchaba de otros compatriotas que ya estaban acá. Poco después conoció a César Ávila (41), también peruano, con quien tiene dos hijas de 4 y 7 años. Ya establecida en Chile, también la acompañan su madre y su hermana.

A inicios de mayo, un compañero de trabajo de César había sido detectado como positivo para Covid-19. Pero días antes, Ávila había sido vacunado contra la Influenza. Entre el nerviosismo y el trabajo, atribuyó que la fiebre y la tos podían ser un efecto secundario de la vacuna. Eso hasta que el test PCR que lo envió a hacer la empresa dio positivo.

Las mujeres se distribuyeron en dos habitaciones de su casa en Santiago Centro para evitar tener contacto con César, pero Dora ya se había expuesto lo suficiente. Hace días ya había comenzado con síntomas leves, que aún podía aplacarlos con Paracetamol, hasta que comenzó a sentir molestias respiratorias.

“Siento que se me cierra el pecho”, le dijo el 13 de mayo Dora a su madre. Rompiendo el aislamiento preventivo, la llevó hasta la ex-Posta Central, ahí Minaya quedó ingresada de inmediato y conectada a oxígeno. Pero con los días, empeoraba.

Mientras, en su casa, su madre ya comenzaba a manifestar síntomas. César, por otro lado, ya comenzaba a sentirse mejor. Ninguno de los dos se agravó como Dora.

A los dos días, la mujer fue sedada para ser conectada a un ventilador mecánico. Esa semana, la ex-Posta Central registraba un peak de atenciones de urgencia respiratoria como nunca antes en los últimos cinco años. Según los datos del DEIS, atendieron 499 pacientes durante esos días. El hospital entero -no solo la urgencia- estaba colapsado. Pero, de eso, Dora se enteraría muchos días después.

“Los salvados”
De acuerdo al reporte de la subsecretaría de Redes Asistenciales, en lo que va de la pandemia un total de 1.603 pacientes en condición grave fueron dados de alta desde las UCI de todo el país. Son casos donde el despliegue tecnológico, farmacológico y, en particular, el esfuerzo del personal de salud, logró traer de regreso, pese a sus sombríos pronósticos.

“Es una satisfacción enorme para un médico. Creo que faltan adjetivos para demostrar lo que significa lo increíble que es para uno cuando un paciente sale de una unidad UCI”, dice Rodolfo Santander, jefe de la UPC de la Posta Central.

La noche del martes 19 de mayo, en un avión Hércules C-130 de la FACH trasladaron a Minaya junto a otros dos pacientes al Hospital Guillermo Grant Benavente de Concepción. Dora poco recuerda del despertar allí.

Tras permanecer 15 días conectada a un respirador, cuenta que despertó y sintió el tubo en la boca Pensó en su madre, en llamarla, no sabía cuánto tiempo había pasado. Al extubarla, la enfermera le preguntó “¿sabes dónde estás?”.

«‘Te trajeron acá porque en Santiago colapsaron los hospitales, y si no te traían, tú no vivías. Es un milagro que ya estés recuperándote’, me dijo la enfermera. Me sentí tan aliviada y, a la vez, tan triste por estar lejos de mi familia”, relata Dora.

El viernes pasado Minaya regresó a Santiago en avión. En el terminal aéreo la esperaba una ambulancia, y aunque le sugirieron irse en la camilla, Dora no quiso. Se fue sentada. Hoy se recupera en su hogar, aunque preventivamente sigue aislada. Y aunque continúa mejorando, dice que el Covid-19 le dejó secuelas: una menor capacidad respiratoria que la agota al caminar.