Plasma de pacientes recuperados: lo que sabemos y lo que ignoramos

Hace unas semanas, la rápida recuperación de un paciente grave de Covid-19 tras recibir una transfusión de plasma hiperinmune de un paciente recuperado renovó las esperanzas de quienes ven en este procedimiento una potencial terapia.

La Tercera.- A medida que el Covid-19 avanzaba desde oriente a occidente, investigadores en distintas partes del planeta tomaban nota de las aproximaciones terapéuticas que parecían, en algunos casos, mejorar las condiciones de ciertos pacientes.

Entre ellas, comenzó a llamar la atención la transfusión de plasma de la sangre de pacientes recuperados de la enfermedad a personas que comenzaban a sufrirla. Se trata de plasma hiperinmune, aquel rico en anticuerpos contra determinados patógenos, en este caso el virus del Sars-CoV-2.

Es algo que se ha utilizado antes en la historia, en otras pandemias, desde la llamada gripe española hasta el virus H1N1. Fue una esperanza que comenzó discretamente a consolidarse al sumarse más reportes de casos exitosos en el mundo.

La efectividad del tratamiento es aún una pregunta abierta; distintos equipos en el mundo están trabajando en estudios y ensayos clínicos para responderla con certezas. Por de pronto, las preocupaciones de seguridad ya están despejadas. Hace un par de semanas, un estudio que siguió casos de cinco mil pacientes en Estados Unidos durante un mes concluyó que menos el 0,1% reportó efectos adversos.

Lo que queda por probar fehacientemente ahora es su efectividad y las condiciones en las cuales la terapia puede efectivamente tener éxito.

En Chile, el uso de plasma hiperinmune ha sido usado con éxito para combatir otro virus, el hanta, lo que ha permitido reducir su letalidad. En el caso del Covid 19, las investigaciones y ensayos clínicos tuvieron su punto de partida en la Fundación Arturo López Pérez, donde el doctor Raimundo Gazitúa, jefe de Hematología de ese instituto oncológico, comenzó a seguir con preocupación la evolución del virus, pensando primero en el riesgo para sus pacientes.

Pronto, y a medida que más experiencias clínicas se iban reportando, primero en China y luego en Europa, el hematólogo embarcó a otros profesionales del centro y luego a otras instituciones. “Nuestro concepto era que esto fuera una iniciativa nacional”, dice Gazitúa. “Tuvimos muy buena acogida en las universidades grandes”, agrega.

Detalla que tanto en la Universidad Católica como en la Universidad de Chile (en el Instituto de Ciencias Biomédicas) comenzaron además sus propias investigaciones. Hoy, el esfuerzo por recolectar plasma donado por pacientes recuperados y administrar la terapia a pacientes enfermos de Covid-19 ya suma a diez instituciones, con clínicas privadas, hospitales institucionales y hospitales públicos a bordo.

Seguir leyendo aca